11 de agosto de 2011

Vacaciones

... pero no llegan las que espero. O mejor dicho, llegaron hace dos meses, y se acabaron. Las vacaciones de mí. Las vacaciones que me hicieron olvidar quien soy, de donde vengo, y hasta a donde voy.

Pocas veces en mi vida me he arrepentido de las cosas que he hecho. Muy pocas. Pocas veces me gustaría volver atrás en el tiempo, y cambiar una decisión. Y llevo unos días con la sensación de que no debí dejarme llevar por una situación, y tal vez mejor me hubiera dejandome llevar por la intuición. Pero creí que en aquel momento podría cambiar algunas cosas en mi vida cotidiana. Cambiaron, y empeoraron. Me dejaron en un lugar donde ya he estado otras veces, que ya conozco, y que encuentro aburrido y soso. Un lugar al que nunca quiero volver, pero la vida se empeña en dejarme allí cada vez.

Así que me dispongo a cambiar, momentáneamente, de situación geográfica. Voy en busca de un lugar donde me sentí como en ningún sitio, hice cosas que no me esperaba... Un lugar que parece grabado en mi piel, desde hace muchos años, aún sin haberlo visitado nunca.

Es curioso cómo, sin haber estado nunca en un determinado lugar, al llegar a él, te sientes como en casa. Y allí vuelvo. A ver qué siento esta vez, a ver qué vivo, a ver qué respiro... Tengo ganas de volver, aunque sé que esta vez nada será como fue. Porque yo no soy como era, ni quien era. Porque nunca somos lo que somos, sino lo que fuimos, o lo que podemos ser. Porque nunca he conseguido vivir el presente: pasa tan rápido...

Es por lo que voy a tomarme unas vacaciones. De mí, de esto, y de todo. Por poco tiempo, naturalmente. Lo bueno y malo de las vacaciones es que sabes cuando empiezan y cuando acaban. Pero no lo que vas a hacer mientras duran. Aunque intentes planearlas.

En eso estamos y a eso vamos...

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