Sorpresas positivas. Sorpresas bienvenidas. Sorpresas que te devuelven la ilusión, la sonrisa... A veces algo que lleva al alcance de tu mano y de tu vista mucho tiempo se convierte, de manera sorprendente, en aquello que estabas buscando. Y casi sin proponértelo, lo encuentras.
Alguien de otro tiempo se convierte en parte importante de tu vida, porque es capaz de sacar lo que quieres compartir. Alguien que saca a relucir tu parte más sensible, más sentida... incluso más vulnerable. Pero sabes que, aunque te expongas, no te va a hacer daño. Al menos, de momento. Alguien que te lleva a lugares donde no pensabas llegar, y donde disfrutas de su compañía, de sus manos, de sus miradas, de sus labios... Alguien que, sin saberlo, borra de tu memoria otros nombres.
Y no sabes hacia dónde vas, ni cuánto va a durar el camino. Sólo sabes con quien lo recorres, de qué manera lo haces, día a dia, beso a beso. Besos largamente acumulados, que salen en torrente, unas veces; con suavidad, otras, Pero todos llegan al mismo destinatario. Hasta que todo vuelve a su lugar. Y las palabras se hacen dueñas de todo, porque la distancia no deja otro margen. Y aún así, todo vale la pena.
Mientras tanto, esperas el momento del reencuentro. Que no sabes cuando será, ni dónde... pero que sabes que será. Porque no puedes dejar de recordar las sensaciones, las miradas, las carícias, las sonrisas. Ni las manos que recorren las tuyas, rozándolas unas veces, enlazándolas otras, para hacerte sentir que hay otra persona a tu lado, que quiere estar a tu lado...
Yo también he dejado lo mejor del verano para el final, y estoy disfrutando como no pensaba que podría hacer. Y no me arrepiento de no haberlo conocido antes, porque para llegar hasta este punto, debía pasar por otros pedregales más ariscos, más incómodos...
Llega a mi vida en este punto, porque ahora puedo valorarlo como se merece. Y espero seguir haciéndolo durante mucho tiempo.