Asistimos cada dia a autenticos dramas, pero como son habituales, no les damos importancia. Vemos como algo habitual que alguien entre a robar en casa ajena, o que ataquen con inusitada violencia a parejas más o menos (des)avenidas. A diario el político de turno y sus amigos de fechorías se enriquecen a costa de todos sus votantes y no votantes, pero no somos capaces de defenestrarlo del cargo político. En algunos casos, incomprensiblemente, incluso les renuevan su confianza en las sucesivas elecciones.
Y todo ello, bajo una anestesia general. Porque somos muy buenos contertulios, críticos devastadores, justicieros de la palabra, mientras tomamos un café o cualquier otra cosa, mientras esperamos el transporte público que se retrasa. Pero no somos capaces de actuar. Vemos, oímos, pero no sentimos. Y si sentimos, no lo hacemos con la intensidad suficiente como para poner remedio a nuestros males.
Pero eso sí, todos sabemos dónde está el problema, y cual es la solución.
Y todo ello, bajo una anestesia general. Porque somos muy buenos contertulios, críticos devastadores, justicieros de la palabra, mientras tomamos un café o cualquier otra cosa, mientras esperamos el transporte público que se retrasa. Pero no somos capaces de actuar. Vemos, oímos, pero no sentimos. Y si sentimos, no lo hacemos con la intensidad suficiente como para poner remedio a nuestros males.
Pero eso sí, todos sabemos dónde está el problema, y cual es la solución.
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